05 noviembre 2006

Los cartoneros

Foto: Cortesia de Elena Calvache

Se los ve salir del tren al caer el sol. Hombres, mujeres y demasiadas veces con los hijos surcan las calles de todo Buenos Aires buscando en la basura todo lo que sea posible vender para su reciclaje. Por un kilo de cartón les pagan unos pesos y es lo que mas acaparan para una industria organizada que mueve mucho dinero y que tiene un tren especial para ellos. Son unos 40.000 y se ocupan de recordarnos que la crisis sigue para demasiados.

Todos los habitantes conviven con una realidad que hiere diariamente. La proliferación de la mendicidad desde la miserable debacle del 2001 es una de las contundentes señales que recuerdan a todos que aunque el país crezca al nueve por ciento durante cuatro años seguidos queda mucho por solucionar. No existe el día en que no se observe la imagen y por desgracia, por ello, colaborando en un incesante gota a gota al triste acostumbramiento.

Cada acera es un despojo de basura esparcida tras el paso de los cartoneros. No hay contenedores, las bolsas se amontonan a las puertas de los edificios y casas. Más tarde, los camiones de la limpieza hacen la segunda pasada y al amanecer, antes de que el día comience, los barrenderos de a pie limpian el rastro. Lo veo cada día desde nuestra ventana. No sirve de nada al consuelo saber que al menos reciclan deshechos. Se llevan los materiales recogidos empujando a pie carretas con ruedas inflables hasta los improvisados núcleos de recogida donde en camiones los trasladan a las afueras.

Añadir también que son demasiados los niños en la salida de los kioscos, panadería, supermercados y ventanillas del metro y trenes esperando una monedita del cambio. Impacta sobre todo al principio, pues piensas en lo insólito que seria en una ciudad española ver un niño mendigando sin que un policía le preguntara donde están sus padres y se lo llevase para contenerlo.
De vez en cuando ves a una señora que les compra una botella de leche. En un día de paseo por el barrio uno podría dar una monedita a cada uno que la reclama y volver a casa con el bolsillo vacio y con la duda de si es bueno o malo darles, con la duda de si esta organizado por mayores para otros fines, nunca nadie habla de eso. No se sabe, se supone, se elige ignorar...

Los gobiernos municipales y provinciales parecen no hacer nada pues en tres años nada ha cambiado en las calles salvo el sólido crecimiento del PIB que si se nota en los coches nuevos y en los titulares de los periódicos. Cuando hay elecciones si se acuerdan durante unos dias y por lo visto funciona, pues sigue...

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