14 diciembre 2008

Monedas

Una señora llamo a un programa de radio para quejarse de que estaba harta de tener que comprar monedas para poder viajar. Mi amigo Fabricio que regenta el bar de una facultad universitaria tiene también que comprar las monedas para poder abrir. Si no tiene monedas para el cambio no puede subir la persiana. Necesita 1500 pesos en monedas y se las compra a la empresa de una línea de autobuses (aquí el transporte publico esta en manos privadas).

Un viaje en autobús de línea sale por 1 peso o más. Y ese peso se ha de pagar introduciendo la monedita por la ranura de un maquina. Si no tienes monedas no puedes viajar a ningún lado en autobús. No existe el bono bus, ni la tarjeta ciudadana ni nada que se le parezca. Monedas y solo monedas que van desde un peso a 5 céntimos.

Todas las familias que usan el transporte publico acopian los metales como si fuera un tesoro. Un bote lleno de moneditas es como ver un fajo de billetes. Eso es lo que debían pensar los de la empresa de caudales, la que descubrieron hace ya mas de un mes pues cuando entro la policía y descubrió montones de bidones enormes repletos de monedas.

El Banco Central de la República Argentina terminó de contarlas e imagino que le habrán concedido vacaciones al supervisor de la operación. Cuatro millones y medio de pesos en monedas que equivaldría a comparar lo mismo pero con euros, pues compran mas o menos las mismas cosas. Suponen que las acopiaban para comerciar con ellas. Contrabando de monedas.
Hay letreritos, montones de letreritos en todos lados; los taxis, ventanillas, kioscos que avisan “Colabore con el cambio”, “No tengo monedas”, “Cigarrillos solo con cambio”. Uno cuando puede colabora pero otras se tiene que avivar para poder subirse a un bus. No exagero. Lo mas inaudito es que hay gente que acepta como cambio un par de carmelitos en lugar de dos moneditas, -no tengo monedas, querés unos caramelitos?- Y de nuevo tenemos presentes la indestructibles tragaderas argentinas, la capacidad del argentino para ser maltratado incansablemente debe de asombrar a los dirigentes políticos. Se deben reunir en sórdidos despachos, para jactarse entre carcajadas de como se la lograron meter de nuevo al pueblo en una suerte de gigante y eterno tango con el pueblo donde los súbditos son los perdedores de la canción. A veces hombres, a veces mujeres.

Yo no se si ocurre en algún otro lugar del mundo pero sinceramente, si no fuese por que vivo en Argentina, creería que me están contado la fantasía de un cuento. Comprar monedas con billetes cuando en otros países se acumulan en botes y cerditos de barro. Argentina aquí, se sale. Como la cola que vi ayer en la importante estación de tren de Retiro. Empezaba en la calle, debía medir unos trescientos metros y todos iban a lo mismo; a cambiar billetes por monedas en la ventanilla del Banco Nación que instalo allí para eso, para cambiar billetes sin pagar por ello mas que mucho tiempo de cola. Alucinante.



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